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GARQUITECTOS.CL
SUELOS

1.

El proyecto responde a un encargo de un Bed & Breakfast en Algarrobo.

En una planta cuadrada de 15×15 mt el programa se distribuye alrededor de un patio de 7×7 mt, separando las zonas públicas de las privadas. Living, comedor/cocina, pasillo habitaciones y terrazas rodean el patio en el primer piso, mientras que en el piso superior la habitación principal toma un punto de control sobre las vistas, tanto cercanas como lejanas.

Se trata de un proyecto frágil en cuanto a su composición material, pero fuerte en su implantación y relación con el suelo. La madera de pino tradicional es lo que define la cualidad habitable: lo frágil; mientras el hormigón armado, en contacto con el terreno, asume lo fuerte.

El patio es el elemento que mide la privacidad.

Esa privacidad mensurable – 7 metros – es la distancia necesaria para regular con autonomía las relaciones íntimas y sociales de la casa. Introducir un patio, en este caso, es introducir un silencio, un elemento que templa, un instrumento que regula las relaciones entre los habitantes, el edificio y el suelo. Así, no es lo material ni el espacio interior lo que ajusta ese tipo de relaciones, si no la introducción de un vacío exterior. Es aquí donde el suelo, como elemento, se transforma en cuerpo, algo que rodea y puede ser rodeado, por lo tanto, un cuerpo espacial. Pero es también rodeado por el tiempo; tiene un antes y un después: memoria y proyección.

2.

Tomando como referencia el plano de fundaciones, podremos definir dos tipos de apoyos, dos tipos de marcas que tocan el suelo y que aseguran su relación con el terreno.

a) soportes físicos: soportan el edificio. Conjunto de 63 poyos de fundación en hormigón distantes entre si 1,50 m.

b) soportes espaciales: soportan un espacio. Conjunto de 5 zonas puntuales y dispersas hechas por medio de fundaciones corridas.

Dentro de esas fundaciones corridas, donde se destaca el muro de hormigón que da forma al patio, encontramos los elementos que permiten dominar el sitio, los elementos que fundan el lugar. Son los momentos en que el proyecto toca el terreno, donde se juntan usos y espacios, estructura y suelo.

En el otro sentido, el conjunto de poyos de hormigón representan la distancia entre el suelo y la casa, entre lo natural y lo artificial. Es ahí, en ese espacio intermedio, entre el proyecto y el suelo, donde se regulan las fuerzas entre lo frágil y lo pesado determinando, quizás, las decisiones más importantes del proyecto.

El levantamiento del edificio, ese momento lento pero definitivo, está determinado por estos dos tipos de soportes que comparten un material común: el hormigón armado; construyendo la pertenencia de la obra al lugar y del lugar a la obra. Son construcciones que no son un fin en si mismas, si no un medio para fundar y sostener un mundo.

3.

El suelo no es por lo tanto sólo un soporte sobre el cual hay que resolver asuntos técnico-estructurales, sino más bien cualidades del proyecto: espaciales y temporales. Así, no se trata de un trabajo sobre el terreno, si no con el terreno. Operaciones que no se validan desde la estética: muchas pueden permanecer en el silencio visual (lo oculto) pero no en un silencio temporal. En ese sentido, la continuidad, la estabilidad y la tradición vinculadas con el suelo, constituyen a la vez el origen y el futuro del proyecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

(…) lo que hace a la autenticidad de una cosa es todo lo que ella contiene de transmisible de su origen, de su duración material y su capacidad de poder como testimonio histórico. 

Benjamín, Walter, La obra de arte en la era de su reproductividad técnica y otros textos. Colección Exhumaciones, Buenos Aires, 2012.

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